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sábado, 4 de enero de 2014


En la labor de educación, cuando los padres niegan a sus hijos algún deseo, es fácil que éstos pregunten por qué no pueden seguir la moda, o comer algo que no les gusta, o qué les impide pasar horas navegando por internet, o jugando en el ordenador. La respuesta que viene espontánea puede ser, simplemente, “porque no nos podemos permitir ese gasto” o “porque debes terminar tus tareas” o, en el mejor de los casos, “porque acabarás siendo un caprichoso”.

Opus Dei - Foto: sean dreilinger (Creative Commons)
Foto: sean dreilinger (Creative Commons)
Son respuestas hasta cierto punto válidas, al menos para salir de un momentáneo atolladero, pero que sin pretenderlo pueden ocultar la belleza de la virtud de la templanza, haciendo que aparezca ante los hijos como una simple negación de lo que atrae. 

Por el contrario, como cualquier virtud, la templanza es fundamentalmente afirmativa. Capacita a la persona para hacerse dueña de sí misma, pone orden en la sensibilidad y la afectividad, en los gustos y deseos, en las tendencias más íntimas del yo: en definitiva, nos procura el equilibrio en el uso de los bienes materiales, y nos ayuda a aspirar al bien mejor[1]. De modo que, de acuerdo con Santo Tomás, la templanza podría situarse en la raíz misma de la vida sensible y espiritual[2]. No en balde, si se leen con atención las bienaventuranzas se observa que, de un modo u otro, casi todas están relacionadas con esta virtud. Sin ella no se puede ver a Dios, ni ser consolados, ni heredar la tierra y el cielo, ni soportar con paciencia la injusticia[3]: la templanza encauza las energías humanas para mover el molino de todas las virtudes.

SEÑORÍO

El cristianismo no se limita a decir que el placer es algo “permitido”. Lo considera, más bien, como algo positivamente bueno, pues Dios mismo lo ha puesto en la naturaleza de las cosas, como resultado de la satisfacción de nuestras tendencias. Pero esto es compatible con la conciencia de que el pecado original existe, y ha desordenado las pasiones. Todos comprendemos bien por qué San Pablo dice hago el mal que no quiero[4]; es como si el mal y el pecado hubiesen sido injertados en el corazón humano que, después de la caída original, se halla en la tesitura de tener que defenderse de sí mismo. Ahí se revela la función de la templanza, que protege y orienta el orden interior de las personas.

Uno de los primeros puntos de Camino puede servir para encuadrar el lugar de la templanza en la vida de las mujeres y de los hombres:Acostúmbrate a decir que no[5]. San Josemaría explicaba a su confesor el sentido de este punto, señalando que es más sencillo decir que sí: a la ambición, a los sentidos…[6]. En una tertulia, comentaba que cuando decimos que sí, todo son facilidades; pero cuando hemos de decir que no, viene la lucha, y a veces no viene la victoria en la lucha, sino la derrota. Por lo tanto, nos hemos de acostumbrar a decir que no para vencer en esa lucha. Porque de esta victoria interna sale la paz para nuestro corazón, y la paz que llevamos a nuestros hogares –cada uno, al vuestro–, y la paz que llevamos a la sociedad y al mundo entero[7].

Opus Dei - Foto: Brit (Creative Commons)
Foto: Brit (Creative Commons)
Decir que no, en muchas ocasiones, conlleva una victoria interna que es fuente de paz. Es negarse a lo que aleja de Dios –a las ambiciones del yo, a las pasiones desordenadas–; es la vía imprescindible para afirmar la propia libertad; es un modo de colocarse en el mundo y frente al mundo. 

Cuando alguien dice que sí a todos y a todo lo que le rodea o le apetece, cae en el anonimato; de alguna forma se despersonaliza; es como un muñeco movido por la voluntad de otros. Tal vez hayamos conocido a alguna persona que es así, incapaz de decir que no a los impulsos del ambiente o a los deseos de quienes le rodean. Son personas aduladoras en las que el aparente  afán de servicio revela falta de carácter o, incluso, hipocresía; son personas incapaces de complicarse la vida con un “no”. 

Porque quien dice que sí a todo, en el fondo, demuestra que, aparte de sí mismo, poco le importa. Quien, en cambio, sabe que guarda un tesoro en su corazón[8], lucha contra lo que se le opone. Por eso, “decir que no” a algunas cosas es, sobre todo, comprometerse con otras, situarse en el mundo, declarar ante los demás la propia escala de valores, su forma de ser y de comportarse. Supone –cuanto menos– querer forjar el carácter, comprometerse con lo que realmente se estima, y darlo a conocer con las propias acciones.

La expresión de algo o alguien “bien templado” produce una idea de solidez, de consistencia: Templanza es señorío. Señorío que se logra cuando se es consciente de que no todo lo que experimentamos en el cuerpo y en el alma ha de resolverse a rienda suelta. No todo lo que se puede hacer se debe hacer. Resulta más cómodo dejarse arrastrar por los impulsos que llaman naturales; pero al final de ese camino se encuentra la tristeza, el aislamiento en la propia miseria[9]

El hombre acaba dependiendo de las sensaciones que el ambiente despierta en él, y buscando la felicidad en sensaciones fugaces, falsas, que –precisamente por ser pasajeras– nunca satisfacen. El destemplado no puede encontrar la paz, va dando bandazos de una parte a otra, y acaba por empeñarse en una búsqueda sin fin, que se convierte en una auténtica fuga de sí mismo. Es un eterno insatisfecho, que vive como si no pudiera conformarse con su situación, como si fuera necesario buscar siempre una nueva sensación. 

En pocos vicios se ve mejor que en la destemplanza la servidumbre del pecado. Como dice el Apóstol, en su desesperación se entregaron al desvarío[10]. El destemplado parece haber perdido el control de sí mismo, volcado como está en buscar sensaciones. Por el contrario, la templanza cuenta entre sus frutos con la serenidad y el reposo. No acalla ni niega los deseos y pasiones, pero hace al hombre verdaderamente dueño, señor. La paz es «tranquilidad en el orden»[11], sólo se encuentra en un corazón seguro de sí mismo, y dispuesto a darse.

TEMPLANZA Y SOBRIEDAD

Opus Dei - Foto: sean dreilinger (Creative Commons)
Foto: sean dreilinger (Creative Commons)
¿Cómo se puede enseñar la virtud de la templanza? En numerosas ocasiones, San Josemaría ha abordado la cuestión, haciendo hincapié en dos ideas fundamentales: para educar son necesarias la fortaleza y el ejemplo, y promover la libertad. Así, comentaba que los padres deben enseñar a sus hijos a vivir con sobriedad, a llevar una vida un poco espartana, es decir, cristiana. Es difícil, pero hay que ser valientes: tened valor para educar en la austeridad; si no, no haréis nada[12]

De lo dicho anteriormente, resulta que es indudable la importancia de esta virtud; pero puede parecer sorprendente que San Josemaría considere que una vida espartana sea sinónimo de algo cristiano, o al revés, que locristiano se explique por lo espartano. Parece que la solución de la paradoja está en relacionar la vida espartana con la importancia que tiene la valentía –parte de la virtud de la fortaleza– para educar la templanza.

Además, aquí se han de distinguir dos sentidos de valentía: en primer lugar, es preciso ser valiente para asumir personalmente ese modo de vida espartano –es decir, cristiano–. Nadie da lo que no tiene, y más si se considera que para enseñar la virtud de la templanza es capital el ejemplo y la experiencia propia. Precisamente por tratarse de una virtud cuyas acciones se dirigen al desprendimiento, resulta fundamental que los educandos vean ante sí sus efectos. 

Opus Dei - Foto: xcode (Creative Commons)
Foto: xcode (Creative Commons)
Si quienes son sobrios transmiten alegría y paz de ánimo, los hijos tendrán un incentivo para imitar a sus padres. El modo más sencillo y natural de transmitir esta virtud es el ambiente familiar, sobre todo cuando los niños son pequeños. Si ven que los padres renuncian con elegancia a lo que a ellos les parece un capricho, o sacrifican su propio descanso por atender a la familia –por ejemplo, por ayudarles con las tareas del Colegio, o a bañar o dar de comer a los pequeños o a jugar con ellos–, asimilarán el sentido de esas acciones y las relacionarán con la atmósfera que se respira en el hogar.

En segundo lugar, también hace falta valentía para proponer la virtud de la templanza, como un estilo de vida bueno y deseable. Es cierto que cuando los padres viven de un modo sobrio, será más fácil sugerirla a través de comportamientos concretos. Pero a veces, les puede venir la duda de hasta qué punto no están interfiriendo en la legítima libertad de los hijos, oimponiéndoles, sin derecho, el propio modo de vivir. Incluso cabe que se planteen si es eficaz imponer o mandar algo que no parece que los hijos puedan o no quieran asumir. Si se les niega un antojo, ¿no permanece el deseo, máxime cuando sus amigos tienen eso? ¿No se fomenta así que se sienta “discriminado” en sus relaciones sociales? O, aún peor, ¿no es una ocasión para que se distancie de sus padres, y que sea insincero? 

En el fondo, si somos realistas, nos damos cuenta de que ninguno de estos motivos es suficientemente convincente. Cuando uno se comporta con sobriedad, descubre que la templanza es un bien, y que no se trata de cargar absurdamente a los hijos con un fardo insoportable, sino de prepararles para la vida. La sobriedad no es simplemente un modelo de conducta que uno “elige” y que no se puede imponer a nadie, sino que es una virtud necesaria para poner un poco de orden en el caos que el pecado original ha introducido en la naturaleza humana. 

Se trata de ser conscientes de que toda persona, por tanto, ha de luchar por adquirirla, si quiere ser dueño y señor de sí mismo. Es preciso convencerse de que no basta el buen ejemplo para educar. Hay que saber explicar, saber fomentar situaciones en las que puedan ejercer la virtud y, llegado el caso, saber oponerse –y pedir al Señor la fuerza para hacerlo– a los caprichos que el ambiente y los apetitos del niño –ciertamente naturales, pero mediados ya por una incipiente concupiscencia– reclaman.

Opus Dei - Foto: I See Mondern Britain (Creative Commons)
Foto: I See Mondern Britain (Creative Commons)
LIBERTAD Y TEMPLANZA

Por lo demás, se trata de educar en templanza y libertad al mismo tiempo: son dos ámbitos que se pueden distinguir, pero no separar; sobre todo, porque la libertad “atraviesa” todo el ser de la persona y está en la base de la educación misma. La educación se dirige a que cada cual se capacite para tomar libremente las decisiones acertadas que configurarán su vida. 

No se educa con una actitud protectora en la que, de hecho, los padres acaban suplantando la voluntad del niño y controlando cada uno de sus movimientos. Ni tampoco con una acción tan excesivamente autoritaria que no deja espacio al crecimiento de la personalidad y del propio criterio. En ambos casos, el resultado final se parecerá más a un sucedáneo de nosotros mismos o a un caricatura de persona sin carácter.

Lo acertado es ir dejando que el hijo vaya tomando sus decisiones de modo acorde con su edad; y que aprenda a elegir haciéndole ver las consecuencias de sus actos, a la vez que percibe el apoyo de sus padres –y de quienes intervienen en su educación– para acertar en lo que elige o, eventualmente, para rectificar una decisión errada. 

Un sucedido que San Josemaría contó en diversas ocasiones sobre su infancia resulta ilustrativo: sus padres no transigían con sus caprichos; y ante una comida que no le gustaba, su madre –en vez de prepararle otra cosa– señalaba que ya comería del segundo plato… Así, hasta que un día el niño lanzó la comida contra la pared… y sus padres la dejaron manchada varios meses, de modo que tuviese bien presentes las consecuencias de su acción[13].

La actitud de los padres de San Josemaría refleja cómo se puede conjuntar el respeto por la libertad del hijo con la necesaria fortaleza para no transigir a lo que son meros caprichos. Lógicamente, el modo de afrontar cada situación será diverso. En educación, no hay recetas generales; lo que cuenta es buscar lo mejor para el educando y tener claras –por haberlas experimentado– cuáles son las cosas buenas que hay que enseñarle a querer, y cuáles son las cosas que le pueden resultar dañinas. En todo caso, conviene mantener y promover el principio del respeto a la libertad: es preferible equivocarse en algunas situaciones que imponer siempre el propio juicio; más aún si los hijos lo perciben como algo poco razonable o incluso arbitrario.

Opus Dei - Foto: atmtx (Creative Commons)
Foto: atmtx (Creative Commons)
Esa pequeña anécdota del “plato roto” nos proporciona, además, la ocasión para reparar en uno de los primeros campos en los que cabe educar la virtud de la templanza: el de las comidas. Todo lo que se haga por fomentar las buenas maneras, la moderación y la sobriedad ayuda a adquirir esta virtud. 

Ciertamente, cada edad presenta circunstancias específicas que hacen que la formación deba afrontarse de modos diversos. La adolescencia requerirá más la mesura en las relaciones sociales que la infancia, a la vez que permitirá racionalizar mejor los motivos que llevan a vivir de un modo u otro, pero la templanza en las comidas puede desarrollarse desde niños con relativa facilidad, dotándole de unos recursos –fortaleza en la voluntad y autodominio– que le serán de indudable utilidad cuando llegue el momento de luchar con templanza en la adolescencia.

Así, por ejemplo, preparar menús variados, saber cortar caprichos o rarezas, animar a terminar la comida que no gusta, a no dejar nada de lo que se han servido en el plato, enseñar a usar los cubiertos o a esperar que se sirvan todos antes de empezar a comer, son modos concretos de fortalecer la voluntad del niño. Además, durante la infancia, el clima familiar de sobriedad que tratan de vivir los padres –¡valientemente sobrios!– se transmite como por ósmosis, sin que se tenga que hacer nada especial. 

Si la comida que sobra no se tira, sino que se utiliza para completar otros platos; si los padres no comen entre horas, o dejan que los demás repitan primero del postre que tanto éxito ha tenido, los chicos crecen considerando natural tal modo de proceder. En el momento adecuado, se darán las explicaciones del porqué se actúa así, de forma que puedan entenderlas: relacionándolo con el bien de la propia salud, o para ser generosos y demostrar el cariño que se tiene al hermano, o como un modo de ofrecer un pequeño sacrificio a Jesús… motivos que muchas veces los niños entienden mejor de lo que los adultos pensamos.

J.M. Martín y J. De la Vega

viernes, 17 de mayo de 2013



     17 DE MAYO



Gran fiesta en  casa por dos motivos . ES MI CUMPLEAÑOS y también es el 21 ANIVERSARIO de un hecho importante en muchas vidas de personas a las que quiero mucho .
Pues bien NO  se aceptan REGALOS , SI se aceptan FELICITACIONES y muchas muchas muchas ORACIONES QUE BUENA FALTAN ME HACEN , para seguir viviendo una vida dulce y alegre.
Gracias a l@s que os habéis acordado y a l@s que no también .
Hoy he hecho tres tartas  , una para mi jefa que celebra mañana su cumpleaños , y las  otras  para dos comuniones que tengo que entregar mañana.
 Y YO ME HE QUEDADO SIN TARTA , no he tenido tiempo, pero no me importa he hecho feliz a mi jefa que cumple 87 años y es un cielo de mujer.
 Me he comprometido a llevar a mi REUNIÓN DE LOS JUEVES , una de mis tartas de arroz con leche y la tomaré con mis amigas que se lo merecen, siempre las tengo cada vez que las necesito .
 Una de las cosas mas bonitas es la verdadera amistad , SIN INTERESES , PORQUE SI , PORQUE NOS DA LA GANA. Un dulce beso a tod@s mis seres queridos

sábado, 16 de febrero de 2013


UN DÍA MUY DULCE

16 de Febrero , hoy ha sido un día muy dulce en mi familia , ha nacido mi sobrino Pablo . Yo estaba preparada para ir a remar con mi equipo cuando he recibido un mensaje de mi hermano , rápidamente mi madre y yo, nos hemos ido para  la clínica, que esta de mi casa a 60 Km , pero antes he mandado unos wasap a mis queridas amigas para que rezaran por mi cuñada y su bebe .

Hemos llegado al mismo tiempo que nacía, y me he sentido muy feliz de ser la primera, después de su padre y su madre, que lo tomaba en sus brazos .
Ha sido una experiencia preciosa , tener esa nueva vida en mis manos , tan inocente , tan indefenso , tan bonico , yo lloraba de felicidad pues notaba que era algo mío también ( la sangre tira ) . Mi hermano y mi cuñada siempre me han dejado participar mucho de sus hijos , cosa que les agradezco.
Cuando mi hermano y mi madre se han ido a dar vuelta a los otros pequeños , me he quedado a solas con mi cuñada y mi sobrino Y HE CAMBIADO EL PRIMER PAÑAL DE MI VIDA  jajaja no tenía ni idea , pues he cambiado muchos a personas mayores , pero " una cosica " tan pequeña no sabía ni como coger ni al crío ni el pañal ..........
He disfrutado mucho, Isa dormía  estaba agotada , he cogido a Pablo y le he rezado muy suave al oído su primera  AVE MARÍA . Después mirando una figura de la Virgen , que había en la habitación, se lo he encomendado y   le he dicho a la Virgen que intentaré cuidar de su formación religiosa en lo que sus padres me permitan . Después le he dado gracias a Dora del Hoyo ( a la que también le había rezado ) y le he pedido que sea un buen cristiano .
En fin he disfrutado y he regresado a casa " mas feliz que una perdiz ".

lunes, 11 de febrero de 2013


14 de Febrero DÍA DE FIESTA , DÍA DULCE
Todos los jueves del año nos reunimos un grupo de mujeres para hablar ( bueno mas que hablar , escuchar y pensar ) .
Bien pues el próximo jueves día de San Valentin también nos reuniremos , es un día muy importante para nosotras DÍA DE FIESTA , pues hace muchos años un día como este, un joven sacerdote , vio claro lo importante que las mujeres eramos para extender la labor de Cristo por el mundo .

Y nosotras ese día lo celebramos , después de nuestra reunión habitual lo celebraremos con unos dulces y un vinito .
Pues bien este año llevo yo los dulces ¡ faltaría más ! y aquí estoy liada ,  que no se si llevar un bizcocho gigante.

Unos merenguitos.

O unos cupcakes

martes, 1 de enero de 2013




  LOS REYES MAGOS ¿ son de verdad ?


Apenas su padre se había sentado, al llegar a casa, dispuesto a escuchar, como todos los días, lo que su hija le contaba de sus actividades en el colegio, ésta en voz baja, como con miedo, le dijo:
- ¿Papa?
- Sí, hija, cuéntame.
- Oye, quiero... que me digas la verdad.
- Claro, hija. Siempre te la digo -respondió el padre un poco sorprendido-.
- Es que... -titubeó Cristina-.
- Dime, hija, dime.
- Papá, ¿existen los Reyes Magos?
El padre de Cristina se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente.
- Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?
La nueva pregunta de Cristina le obligó a volver la mirada hacia la niña y tragando saliva le dijo:
- ¿Y tú qué crees, hija?
- Yo no sé, papá: que sí y que no. Por un lado me parece que sí que existen porque tú no me engañas; pero, como las niñas dicen eso.
- Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos pero...
- ¿Entonces es verdad? -cortó la niña con los ojos humedecidos-. ¡Me habéis engañado!
- No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que existen -respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de Cristina-.
- Entonces no lo entiendo, papá.
- Siéntate, cariño, y escucha esta historia que te voy a contar porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla -dijo el padre, mientras señalaba con la mano el asiento a su lado.
Cristina se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa que le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para él debió de ser la verdadera historia de los Reyes Magos:

Cuando el Niño Dios nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarlo. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:
- ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.
- ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo.
Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó:
- Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito...
Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el Portal:
- Sois muy buenos, queridos Reyes, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: ¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?
- ¡Oh, Señor! -dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas. Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero no podemos tener tantos pajes, no existen tantos.
- No os preocupéis por eso -dijo Dios-. Yo os voy a dar, no uno sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo.
- ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los tres Reyes con cara de sorpresa y admiración-.
- Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben querer mucho a los niños? -preguntó Dios.
- Sí, claro, eso es fundamental - asintieron los tres Reyes-.
- Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?
- Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje -respondieron cada vez más entusiasmados los tres-.
- Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?
Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír:
- Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, Yo ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y, alrededor del Belén, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.

Cuando el padre de Cristina hubo terminado de contar esta historia, la niña se levantó y dando un beso a sus padres dijo:
- Ahora sí que lo entiendo todo papá. Y estoy muy contenta de saber que me queréis y que no me habéis engañado.
Y corriendo, se dirigió a su cuarto, regresando con su hucha en la mano, mientras decía:
- No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero para el año que viene ya guardaré más dinero.
Y todos se abrazaron mientras, a buen seguro, desde el Cielo, tres Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos.

domingo, 30 de diciembre de 2012


EL AMOR DE UNA ABUELA

El amor y el ejemplo de una abuela es muy difícil de describir , pero con esta pequeña anécdota lo intentaré.
 Quizás por no tener hijos tampoco sabré nunca lo que es tener nietos , pero si se lo que es ser hija y nieta .
Esta casita de galletas me la encargó una señora de Murcia para su nieta Rocío , cumplía 3 años y vio por internet mis casitas de galletas . Yo estaba super liada en estas fechas pero le dije que sí , era cuestión de dormir un poco menos .Me agrado esta persona , una mujer joven cincuenta y muy pocos , vital , jovial con la ilusión de sorprender a su nieta . 
Hace unos días tubo un accidente de coche , y aunque no esta mal , si que el medico le dijo que debía cuidarse .  Como  no podía enviar desde Murcia en esos momentos a recoger la casa , vino ella .
Me sorprendió , podía  no haber venido , dejarme colgada o hacerse la victima y obligar a sus hijos a venir . Esta mujer me parece un ejemplo , a veces no nos damos cuenta que TODO LO QUE HACEMOS A LOS NIÑOS , EDUCA O MAL EDUCA , nuestras acciones son un ejemplo que esos pequeños enanos no dejan de observar . Quizás esto os parezca una tontería , lo de venir por la casa pero es que yo me fijo mucho en todo ( aunque dicen que quien habla mucho no se fija jajaja) y saco mis conclusiones.
Mi  PENSAMIENTO DULCE es que l@s abuel@s pueden hacer mucho por mejorar la educación de sus niet@s con  su amor y SU EJEMPLO.

martes, 18 de diciembre de 2012



   EL BELÉN DE MI CASA


Todos los años en estas fechas mi casa es un ir y venir de amig@s y familia para ver mi belén y tomar un dulce junto a la chimenea . Este año he cambiado de casa , ya no vivo en la finca y en mi nueva casa no tengo espacio para montarlo . Solo he puesto el nacimiento , pero me resisto a no recordar " mi belén " y las cosas que he vivido junto a él . Por eso os dejo  estas fotos que me sirven para recordar y por si queréis saber algunas DULCES IDEAS y el "PORQUE " mi belén es tan especial para mi.

Todos los pastores tienen nombre , y cuando digo "nombre" es que esta escrito en cada figura es el de personas por las que yo rezo .Me encantaba sentarme delante con la chimenea encendida y viendo cada pastorcic@ decirle cosas bonitas a La Virgen y al Niño Jesús de esas personas a las que representan cada figura . Os aseguro que tod@s mis amig@s están , incluso personas que no he visto nunca pero que rezo por ell@s. 
Pues algunas de mis amigas venaín con una pastorcica para que las representara. También le ponía carteles con pasajes de La Sagrada Escritura que nos ayudaban a recordar y comprender mejor .

Bueno estas son algunas de las fotos que he puesto aquí para recordar y volver a rezar POR TOD@S y para dejaros esta dulce idea que ayuda ha hacer familia.

sábado, 8 de diciembre de 2012




Melchor Miralles: “Yo considero el trabajo del hogar como una profesión más, pero es cierto que en muchas familias se considera un trabajo de segunda”

Hay que tener conciencia social para querer dedicarse un día y otro a analizar lo que pasa… Para escribir sobre lo que pasa no se puede tener una actitud cómoda ante la vida. Hay que estar en guardia, ojo avizor. Observar lo más cercano y otear el horizonte. Es un don. Hay mil millones de periodistas que escriben artículos de opinión. Hay otros tantísimos que generan gancho. Hay miles que pasan a la historia. Pero pocos que hayan respondido a nuestras preguntas en el blog Trabajo entre los trabajos… Uno de ellos es Melchor Miralles. Y es uno de esos periodistas que escudriña, registra, mira con cuidado la realidad que le rodea. Exactamente igual que cualquiera que decide tomarse en serio el trabajo del hogar en su propia casa… o en casa ajena. Porque en este blog nos da igual para quien se realicen. Nos importa que se participe de ellos, que lo que hagamos “lo hagamos bien, con entrega, profesionalidad. Hagas lo que hagas”, nos dice Miralles. Con el trabajo del hogar bien realizado, lo que pasa en nuestras casas importa y mucho. Pero es que además, nos ocupamos también de lo que queda, que es ni más ni menos que el cuidado de las personas. Y eso sí que es permanente en nuestra vida y en la de quienes viven con nosotros.
Melchor Miralles es periodista y trabaja en 'Punto Radio'
Melchor Miralles es periodista y trabaja en ‘Punto Radio’
1.- ¿Le permite su profesión pasar mucho tiempo en casa?
La mitad de la jornada, concretamente la tarde, la paso en casa, pues soy autónomo y trabajo esa media jornada en mi propio domicilio.
2.- Como periodista, ¿Podría describir qué incidencia tienen en su vida las tareas del hogar?
En mi casa tenemos desde hace años una mujer que trabaja como interna. No obstante, y debido a la educación recibida tanto por mí como por mi mujer, algunas de las tareas domésticas las hacemos nosotros. Y los días festivos, lógicamente, también.
3.- ¿Cómo definiría usted los trabajos que conllevan sacar adelante una casa?
Son un trabajo que forma parte de la vida cotidiana. Lo tengo muy claro pues he vivido muchos años solo antes de casarme. Incluso en mi familia, al ser el pequeño de 10 hermanos, lo aprendí desde pequeño. Y de ese trabajo son responsables en igual medida todos los miembros de la familia.
4.- ¿Quién se dedica a ellos en su propia casa? ¿Hay alguna tarea que tenga usted encomendada?
Ya te digo que una persona interna hace durante la semana buena parte de ellos. El resto lo hacemos cada uno de los miembros de la familia, mi mujer, mis dos hijos y yo. Y los festivos lo hacemos nosotros. No hay un reparto establecido. En principio cada uno se ocupa de lo suyo y de lo común nos ocupamos entre todos siguiendo el sentido común de un reparto equitativo.
5.- ¿Cree que el trabajo del hogar está bien considerado en el ambiente en el que usted se mueve o por el contrario es visto como un empleo de menor categoría? ¿Por qué cree que en algún momento se ha llegado a minusvalorar ese trabajo? ¿Y a usted qué le parece, lo considera como una profesión más?
Yo lo considero una profesión más pero es cierto que en muchas familias se considera un trabajo de segunda, lo cual se evidencia mucho en el trato que reciben las empleadas del hogar. Siempre me ha parecido mal, igual que me parece mal que buena parte de los hombres lo considere un trabajo femenino. También me disgusta en las familias escuchar a los hombres decir “yo ayudo en casa”. No es ayudar, no se trata de eso, se trata de repartir la carga de trabajo.
6. -¿Le parece que hay victimismo entre las personas que se dedican a estos trabajos?
Supongo que en la misma medida que en otros, pero no creo que especialmente.
7.- ¿Cuándo ha sido la última vez que se ha encontrado con algo mal hecho relacionado con este trabajo? ¿Qué fue lo que se encontró?
En alguna ocasión con mis hijos platos sin fregar. Pero en general no me sucede.
8.- ¿En qué debería estar basada la profesionalidad al desempeñar este tipo de trabajos? (¿Tiempo, dinero, ideas?)
Formación y tiempo para desarrollar adecuadamente el trabajo. La profesionalidad en cualquier actividad es el cumplimiento adecuado de las obligaciones.
9.- Si tuviera una hija que decidiera dedicarse profesionalmente al trabajo del hogar ¿qué le diría?
A mis hijos les digo que hagan en la medida de lo posible lo que les guste, algo que les llene y para lo que se sientan útiles. No me molestaría ni me preocuparía que una hija o un hijo se dedicara a ello. Le diría lo mismo que cuando me dijeron que iban a ser empresario o psicóloga. Lo que hagas hazlo bien, con entrega, profesionalidad. Hagas lo que hagas.
10.- ¿Puede contar alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con el trabajo del hogar?
Bueno, como era el pequeño de 10 hermanos me cargaban con muchas cosas, y recuerdo con pereza la reiteración en ser quien recogía la mesa y fregaba buena parte de los platos. No había forma de librarse :-) )))))
Del blog http://trabajoentrelostrabajos.wordpress.com/

domingo, 2 de diciembre de 2012




Buscando trabajo

2122012
Llevo un tiempo buscando trabajo y no dejaba de pedirle a Dora del Hoyo que me ayudara a encontrar uno. Me enteré que en la mejor confitería de mi ciudad necesitaban una camarera y un confitero. Mandé el currículo y no hubo respuesta. Después me presente allí. Fui rezando el Rosario y me encomendé a Dora.
Me presenté a la dueña y le hablé de mis tartas del blog (desde hace casi un año tengo un blog en el que publico recetas de repostería y al que he titulado “Los Dulces de Dora”, porque intento hacer las cosas como las hacía ella, y continuamente le pido ayuda para hacerlo bien). La dueña me preguntó el “porqué” de ese nombre si no era el mío. Yo le dije que era por una mujer, ya fallecida que estaba en proceso de beatificación, que había sido una gran profesional como cocinera, repostera… y que una amiga me había dicho que me encomendara a ella.
Cuando me habló del horario (son muchas horas) yo le dije que tenía un problema: que necesitaba 45 minutos para ir a misa todos los días. Se sorprendió y me dijo: -No es problema pero tienes que rezar por mí. Cuando le conté a mi madre que si no me daban tiempo para ir a Misa, no cogería el trabajo, ella me contestó -Hija pero como estamos, como vas a decir NO, y yo le dije: -No te preocupes Dios me dará otro trabajo.
Sabía que era muy difícil. Las cosas están fatal en todos sitios con esta crisis, y yo tengo 54 años, pero de verdad también sabía que si lo dejaba por la Misa, Dios me encontraría otra cosa, aunque este era para mí el trabajo ideal pues me encanta la repostería.
Al día siguiente pasé para hablar con la hija de la dueña. Fue un poco distante, no me hizo demasiado caso pues estaba ocupada, salí de allí desilusionada pero dije “Dora échame un cable”.
Esta tarde (viernes 12 de octubre) a las 17:00 ha sonado el teléfono y una voz muy agradable me ha dicho “He visto tu blog y me ha gustado lo que haces, si quieres puedes empezar a trabajar en Noviembre”.
No me lo podía creer, yo más feliz que una perdiz diciendo: gracias, gracias Virgen del Pilar, gracias, gracias Dora. Ahora mismo estoy llorando de alegría, no sé cómo será pero intentaré hacer lo mejor que sé.
Mil gracias.
M. L., España

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